Hoja informativa 14.06.2014

 
 
REUNIONES Y CONFLICTOS
(14 de junio de 2014)
 
 
Los sindicatos están habilitados por la ley para interponer conflictos colectivos. Un conflicto colectivo no es sino un procedimiento reglado por el cual un sindicato le dice a la dirección de la empresa «oye, que resulta que todos los trabajadores tienen el mismo problema, que ya te lo hemos dicho y que ya es hora de que nos reunamos por esto en serio». Si la reunión no se da, entonces es el momento de interponer una demanda. Cuando un sindicato interpone una demanda de esta naturaleza es un fracaso para el Derecho Laboral, porque significa que las partes no son capaces de hablar y de entenderse.
 
El SFD-AEAT ha interpuesto esta misma semana conflicto colectivo por varias causas (Acción Social, Formación y Horas Extraordinarias en Campaña de la Renta), y todas tienen que ver con el hecho de que la forma en que la patronal interpreta el Convenio no nos parece la correcta —lo que nos sorprende es que otros sindicatos no hayan hecho mucho antes lo que nosotros llevamos ahora a cabo—. Pero este conflicto no deriva ni del azar ni del cabreo:
 
El SFD-AEAT ha pasado por registro un sinfín de comunicaciones a las más altas instancias de la AEAT. En el 99% de las ocasiones, la respuesta ha sido el más puro silencio administrativo, como si las palabras las hubiéramos dirigido al Cosmos.  Por supuesto, hay dos excepciones: una, la Delegada Especial de Madrid, la cual, acompañada de otros compañeros de relevancia, atendió a tanto como le quisimos contar.
 
La segunda excepción (que, ojo, deriva de un escrito nuestro que amenazaba con acciones más combativas) es una reciente entrevista que mantuvimos con los dos altos  responsables de la Subdirección General de Relaciones Laborales. Durante demasiada parte del encuentro, no se trató de un intercambio de pareceres entre dos partes. En realidad, ellos se volcaron en explicarnos todo lo que al parecer nosotros llevamos largo tiempo sin comprender. Por hacer un resumen que defina la postura de ellos, y siempre teniendo en cuenta que es lo que nosotros sacamos en claro:
 
- Da igual el modo en que la AEAT certifique nuestra antigüedad porque la Comisión Permanente de Selección (ligada al INAP) es quien verifica los períodos efectivamente trabajados y, por tanto, la validez del certificado, pudiendo así rechazar acreditaciones.
- Defienden que el tiempo en el que no estamos prestando no es de suspensión en rigor, sino tan solo de inactividad, con lo cual no se generan ni derechos ni obligaciones, excepto el de llamamiento.
 
- En efecto, el artículo 24.2 del IV Convenio Colectivo del Personal Laboral —el que dispone que en el primer trimestre de cada año se realizará la programación de la promoción interna — está en vigor, pero a modo de florero. Nos indican que no se dan los “requisitos adicionales” necesarios para que un proceso de esa naturaleza pueda suponer una vía de inserción para parte o buena parte del colectivo.
- La AEAT tiene plena autonomía en cuanto a personal funcionario se refiere, pero no en cuanto a personal laboral. Este último no prospera sin los informes válidos de la Dirección General de la Función Pública y de la Dirección General de Costes de Personal.
 
- El trasvase de personal de Correos a la AEAT solo enjugaría una parte de la reciente pérdida de efectivos que la casa ha tenido (de las últimas 700 bajas que ha habido, solo se han repuesto unas 300).
 
- La razón por la cual las externalizaciones no se pueden suprimir es que se incrementa la necesidad de contratar personal, lo que es contrario a la política actual de reducción de gastos. Se nos informa de que las famosas cien plazas del CAT se debieron precisamente a que se suprimió una contrata, con lo cual Función Pública autorizó la contratación de un personal que los demás sindicatos vendieron como un falso éxito de negociación.
 
- Por otra parte, la naturaleza de nuestro contrato impide que podamos acceder a contrataciones concretas que surjan, como por ejemplo un puesto de telefonista.
 
- Para que entren los interinos, ha de existir una Oferta de Empleo Público que conlleve el adecuado proceso, si bien, "parece" que será inevitable la consolidación de los interinos sobre vacante en algún determinado momento.
 
- En cuanto a la formación, indican que, en ratio, tenemos casi tres veces más tiempo de formación que los funcionarios de la casa. Además, como solo se habilitan certificados de seguridad en período de Campaña de la Renta, no podemos recibir formación fuera del período de contratación, salvo en el caso de cursos telemáticos. Lo que sí reconocen es que podrían mejorar los certificados de los cursos que nos imparten con el fin de que la acreditación no baje de 15 horas, lo cual ya empezaría a ser útil de cara a los procesos selectivos.
 
- En cuanto a la acción social, apuntan que lo que hay es un verdadero logro de la AEAT habida cuenta la enorme cantidad de recovecos que existen de cara a la aplicación de lo dispuesto. En cualquier caso, ellos creen que lo que tenemos es de justicia, pues consideran que hemos de recibir en proporción al tiempo que prestamos. En esencia, conecta con el modo en que nos computan la antigüedad (por cierto, según ellos, ir contra este cómputo conllevaría una demanda contra la Dirección General de la Función Pública).
 
- La administración aspira a dar un servicio multicanal (con prevalencia de lo telemático, pero sin descartar lo presencial). En opinión de ellos, un aumento de la contratación pasaría por que se incrementara claramente la recaudación con una medida así.
 
Pero ¿sabéis? El problema radica en que, más allá de los términos a veces un tanto espinosos en que transcurrió la reunión, no coincidimos en el fondo. Nos dijeron, por ejemplo, que teníamos que dar las gracias porque la Agencia hiciera en 2008 el proceso de consolidación por el cual adquirimos la condición de fijo discontinuo. Cuando intentan que comulguemos con semejante rueda de molino, cuesta mucho más entenderse en una reunión. Hay verdades interpretables y verdades no interpretables. El hecho de que la AEAT celebrara durante años contratos en fraude de ley, que pleiteara hasta la extenuación por este asunto —incluso llegando a acumular derrota tras derrota y no parar hasta la condena en costas procesales—, no está entre las verdades interpretables. Como tampoco lo está que la AEAT no hizo ningún proceso de oficio, sino que simplemente ejecutó lo que ya le obligaba la Jurisprudencia preexistente del Supremo.
 
Sacamos también a colación que en el INE, en el que tantos temporales de la AEAT han prestado, se hizo un proceso de funcionarización. Uno de ellos nos dijo que… ¡ese proceso lo había llevado en persona adelante!
 
¿Y nosotros?
 
Nosotros no importamos. Solo quieren que seamos un personal cualificado para una sola cosa, cosa que aporta prestigio publicitario a la casa. Pero no nos quieren dentro, por ejemplo, porque no quieren repartir las productividades asociadas a la Campaña de la Renta con nosotros. Sacamos el trabajo duro adelante, a un ritmo además que pocos podrían igualar. Todos lo hemos visto en las diferentes delegaciones, administraciones y plataformas. Pero no tenemos derecho a ninguna clase de promoción interna dentro de la casa. Somos las galeras de la AEAT, tal y como en su día los encuestadores eran las galeras del INE. Solo nos queda salir por la gatera, porque eso es la promoción interna del Cuerpo General Auxiliar de la Administración del Estado, una salida lateral, aun cuando nos reclamen luego los administradores de las distintas delegaciones para que nos quedemos en la AEAT. Y bien contentos que suelen estar con nosotros, pues traemos incorporada una cultura del trabajo de los tiempos en que hemos sido fijos discontinuos.
 
Lo irónico es que no tienen personal suficiente tampoco. Una buena parte de las delegaciones y administraciones están desbordadas, y el trato que se dispensa en muchas de ellas al contribuyente avergüenza a cualquiera de nosotros que tenga un poco de sensibilidad. Y en el CAT no es tan distinto: ¿tienes 70 años y no tienes la casilla 620 del año anterior? Búscate la vida. Es la otra cara del ahorro telemático.
 
Así que creemos que es tiempo de pelear por lo nuestro, incluso por mantener la calidad del servicio, siempre dentro de la legalidad; pero con medios que van mucho más allá de asentir a las buenas e infructuosas palabras que llevamos escuchando, ¡ojo!, tres lustros.
 
Por eso este conflicto y los venideros, así como las acciones que vengan detrás de ellos.
 
Porque son quince años de promesas incumplidas y de travesía en el desierto. Si al otro lado no lo comprenden es porque no son ellos quienes pasan apreturas para alimentar a sus hijos.